38 AÑOS DE ODA AL PALADAR CON COCINA DE PRODUCTO

Cuando entras a un restaurante en el que se lleva 38 años cuidando del producto y de la gastronomía, lo notas. Joaquín Gómez, Sara Gómez y Pedro Gras, dan la cara en y por el restaurante El Mesón de Benidorm.

En tercera línea de playa, la calle Esperanto podría hablar todos los idiomas como su nombre indica, pero también en el sentido de la cocina al encontrarse en una de sus esquinas con El Mesón. Hablaría todos los idiomas de una cerveza bien tirada, bien fresquita y bien sentida. Hablaría todos los idiomas del buen paladar, de un buen arroz con bogavante o de un steak tartar de solomillo de ternera en su punto. Y es que cuando hace esquina con la Calle Gerona, vemos las dos caras de El Mesón que permanecen abiertas todos los días del año menos la noche del 24 de diciembre: la cervecería Cruz Blanca y El Restaurante El Mesón. 

La cervecería es nuestra castiza madrileña, esas en las que pasar la vida en la barra y vivir de sobremesas, esas tan nuestras. Abrió sus puertas en 2008 para ofrecer un lugar con un carácter más desenfado e informal, para picar algo acompañándolo de una cerveza o un vino. Además, cuenta con una terraza en la que disfrutar del maravilloso sol del que la ciudad alicantina presume. Mismo lugar, distinta identidad, mismo placer: disfrutar comiendo.

El Mesón, sin embargo, abierto desde el 1 de mayo de 1980 puede contar más historias que muchos de nosotros. Por él han pasado las crisis del 86, del 95, del 2005, vio explotar el bomb económico del 2000 y vio crecer a Benidorm. Nos sentamos en una de sus mesas vestidas con mantel de lino blanco y con sillas de madera maciza con solera, asiento de enea, desde la que observamos el vivero de mariscos -una de sus especialidades-, una bodega acristalada en la que podríamos contar hasta 2000 botellas, y a su lado el expositor de carne del que no escapa a nuestra vista apetitosa unos chuletones de vaca de su proveedor predilecto Toguitxu, madurados entorno a 5 y 6 semanas- no es por nada, pero es el plato favorito de nuestra chef Sara Gómez, y por algo será-. Por supuesto, El Mesón se une al fenómeno see-cooking, desde la mesa también podemos ver a través de un gran ventanal la parrilla que queda expuesta a nuestras bocas haciéndose agua. Seguimos observando con detalle, y tampoco pasamos por alto los pescados de lonja expuestos y los jamones de bellota -Ah, por supuesto, cortado a cuchillo-.

Joaquín empezó vendiendo frutas al por mayor en Zaragoza y siguió su camino entrando en la Penya gastronómica del Hotel Saboy (él tenía 16 años y le seguía el segundo más joven con 40 años). Entre vaivenes de innovaciones de la cocina francesa y vasca, decidió marcharse, y de camino paró en Benidorm. Una ciudad que con su ambiente y su clima hiciera que lo que parecía ser una visita a unos amigos terminase siendo la cuna definitiva para El Mesón. Lo que no fue definitivo fue el tipo negocio, que iba a ser un bar de zumos, pero terminó convirtiéndose por una oda a la cocina de producto, una pasión gastronómica a vivo fuego en un mesón tradicional popular. 

El Mesón, en definitiva, es es hogar, es punto de reunión. Uno de los mayores reconocimientos es que normalmente nuestros clientes elijan nuestro sitio para celebrar algún emotivo especial, lo que siempre es buena señal. Quien viene, vuelve. ¿Vas a ser uno de ellos? Ya sabes, el primer paso lo tienes que dar tu, el segundo lo dará tu apetito.